La tecnología debe estar al servicio de la justicia.
Tengo una convicción simple: la tecnología no vale nada si no resuelve problemas reales. Estudio Derecho porque creo en la justicia como pilar fundamental de cualquier sociedad que funcione de verdad. A la vez, mi formación técnica en ciberseguridad me ha enseñado que la protección de los datos de los ciudadanos no es un lujo, es un derecho fundamental que hoy se vulnera constantemente.
En mi día a día como Jefe de Sistemas y como Miembro del Consejo en el Tecnológico del Azuay, me enfrento a las deficiencias de los sistemas actuales. Participo en política porque creo firmemente que alguien tiene que dejar de quejarse de la burocracia y empezar a construir soluciones. No soy de discursos vacíos; soy alguien técnico, de números, arquitecturas y leyes, que busca aplicar soluciones tangibles.
No basta con informatizar el desorden. Tenemos que repensar el Estado desde su núcleo, garantizando seguridad, eficiencia y transparencia.